Cuando Gustavo llegó de Córdoba, para instalarse otra vez en Buenos Aires, nunca sospechó el calvario que estaba viviendo su mamá, a manos de su hermano Sergio… Hasta que la vió: Tata estaba desmejorada, flaca, postrada en una silla de ruedas y con unas sospechosas marcas en los brazos.
A medida que se cruzaba y charlaba con sus viejos vecinos, Gustavo iba enterándose y tomando conciencia del suplicio de Tata, hasta que conoció a una de las auxiliares geriátricas que vivió en primera persona los maltratos, los ataques de ira de Sergio hacia su madre y hacia la trabajadora cuida-abuelos. Cuando se comunicó con la obra social de su mamá, Gustavo se enteró que habían desfilado una docena de auxiliares geriátricas, que eran hechadas por Sergio luego de algún berrinche o directamente renunciaban por como las maltrataba.
Y fue allí que recurrió a la justicia, una y otra vez, aunque no le dieron bolilla…
Su hermano Sergio tuvo otra suerte con la Justicia: en diciembre de 2017 Sergio interpuso una restricción de acercamiento de Gustavo, hacia él y Tata, por 180 días, utilizando argumentos mendaces, que la justicia nunca investigó.
Increíblemente, la justicia accedió rápidamente al pedido de Sergio y Gustavo no pudo acercarse a su madre por 180 días. En ese tiempo, la justicia no pudo o no quiso investigar lo que realmente pasaba en esa casa: había denuncias cruzadas de los hermanos y en el medio una abuela de 90 años.
El tiempo pasó, Gustavo continuó denunciando ante la Comisaría de la Mujer, denunciando los maltratos físicos y psíquicos que sufría Tata, y aportando al menos 20 testigos, que eran vecinos que presenciaron el maltrato hacia Tata. Y otra vez la justicia prorrogó su inacción…
En julio de 2018, Gustavo se presenta ante la Fiscalía N°6 de Berazategui donde denunció lo que vivía Tata, aportando otra vez los 20 testigos, además de dos personas que habían cuidado a Tata y habían presenciado el maltrato. Así fue que los testigos aportados por Gustavo desfilaron por la comisaria de la mujer dando testimonio del suplicio de Tata.
Es más, Gustavo aportó una foto que circulo por las redes, subida por el enfermero que cuidaba a Tata, donde se puede apreciar machucones en el rostro. Quien recibió la foto en el Juzgado N°6 dijo que “cualquiera puede sacar esa foto”. Y que pasó… qué resolvió la justicia frente a las pruebas y los testimonios? Nada, absolutamente nada…
Hasta que la tarde del sábado 23, sucedió lo predecible: estando al cuidado de Sergio, Tata se quemó el cuerpo, con quemaduras de grado 2, dejándole medio cuerpo en carne viva...
Y ahí si apareció la justicia, diligente, aparentemente preocupada y mando a detener a la única persona que estaba con Tata al momento de incendiarse, bajo la carátula de “Intento de homicidio, agravado por el vínculo”… pero ya era tarde: Tata estaba internada en terapia intensiva y su vida corría peligro.
Tanto riesgo corría la vida de Tata que en el anochecer del jueves 28 de marzo, su corazón dejó de latir… Y la justicia, diligente y aparentemente preocupada, cambió la carátula: le saco el “intento de”, pero ya era tarde, Tata había fallecido…
¿Qué hubiera pasado si la justicia hubiera preguntado a los vecinos inmediatos de Tata, sobre los dichos de Gustavo que alertaban sobre que en esa casa había maltrato, gritos, llantos?...
¿No hubiera estado bueno que la justicia consulte a los vecinos de enfrente, que al menos en dos ocasiones llamaron al 911, alertando de los llantos y gritos que salían de la garganta de Tata…?
¿Y si la justicia llamaban a la obra social IOMA y consultaba al menos a alguna de las cuidadoras de abuelos que atendieron a Tata por unos meses, hasta que Sergio las maltrataba o directamente las echaba en alguno de sus arranques violentos?
¿Qué hubiera pasado si la justicia visitaba a Tata y veía en las condiciones ambientales que vivía? Visitaba su habitación, el estado del baño, cocina y heladera… y corroboraba el desorden y la mugre…
La justicia no escuchó; la justicia no investigó de qué hermano venía la verdad; la justicia no fue a visitar a Tata para ver cuáles eran sus condiciones de existencia; la justicia no hizo nada y así la mató…
Ahora es tarde, la que no está es Tata.   Fuente Edgardo Boiraz

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